lunes, 9 de julio de 2018







BASES DEL PREMIO ANUBIS 2018. BUENOS AIRES, ARGENTINA.

PARTICIPANTES


Podrán participar escritores de cualquier nacionalidad, residentes en Argentina o en cualquier otro país, sin restricción de edad. Las obras deberán adecuarse dentro del género de la literatura de TERROR, FANTÁSTICA Y/O CIENCIA FICCIÓN. Deben estar escritas en español, ser ORIGINALES e INÉDITAS (no pueden haber sido publicadas, ni estar pendientes de publicación, total o parcialmente, en ningún medio físico o electrónico). Las obras no podrán haber sido premiadas en otros concursos, ni estar pendiente a fallo de jurados o publicación. El género convocado es: cuento. LAS OBRAS QUE NO CUMPLAN CON LAS PRESENTES BASES SERÁN DESCALIFICADAS.


PREMIOS

Serán seleccionados 10 (diez) relatos, los cuales formarán parte de una antología a publicarse en formato digital (PDF), de manera independiente por Premio Anubis.

1º Premio: entrevista con el autor, a publicarse en nuestra web Premio Anubis, diploma (en PDF) que acredite su premio, y publicación en antología digital junto con los demás relatos finalistas.

2º,3º,4º,5º,6º,7º,8º,9º y 10º Premio: Diploma + publicación en antología digital.

Además, concederemos MENCIONES HONORÍFICAS para aquellos relatos que lo ameriten.
EL PREMIO NO ES MONETARIO. 

OBRAS

Cada participante podrá concursar con un ÚNICO Y EXCLUSIVO CUENTO. Deberán presentarse en formato Word (archivo .docx). La extensión máxima del relato será de SEIS HOJAS/CARILLAS en tamaño A4. Fuente ARIAL 12 puntos, con INTERLINEADO DOBLE. NO DEBEN TENER PORTADA NI IMAGENES DE NINGÚN TIPO.


PRESENTACIÓN DE LAS OBRAS

Las obras se enviarán exclusivamente vía mail a: premioanubis@outlook.com entre el 04 de junio de 2018 y el 1º de noviembre de 2018. Se enviará acuse de recibo de las obras. Los participantes deberán enviar en un ÚNICO MAIL, dos archivos WORD (.docx) de modo que adjuntarán en un archivo, el cuento (con el título CUENTO) y en OTRO archivo, sus datos personales: DNI, (o cédula de identificación), nombres y apellidos, dirección, teléfono, correo electrónico, país, breve currículo que dé cuenta de sus recorridos profesionales y literarios, con el título PLICA. DEBEN INCLUIR EL SEUDÓNIMO.
EL ASUNTO DEL MAIL TIENE QUE DECIR: PREMIO ANUBIS 2018.

ENVÍO DE LAS OBRAS Y PLAZO

El plazo de admisión de las obras estará abierto desde el 04 de JUNIO de 2018 hasta el 01 de NOVIEMBRE de 2018 (hasta las 00 horas de la República Argentina). La mera presentación de las obras implica la aceptación por parte de los participantes de los términos y condiciones de la presente convocatoria. Una vez concluido el concurso, los organizadores procederán a eliminar todos los archivos de las obras que no resulten premiadas y/o recomendadas para su publicación. La antología a publicarse será digital y para descarga gratuita, sin fines de lucro. Se elaborará una portada especial para la antología y se la maquetará en formato digital PDF. La antología se publicará durante el 2019.

PREJURADO

Se establecerá un prejurado, a cargo del escritor Isaac Basaure, coordinador del Premio Anubis, el cual, del total de obras recibidas, seleccionará a los finalistas, estas obras finalistas serán sometidas a un jurado para su evaluación, éste jurado seleccionará al ganador.

JURADO

Se constituirá un jurado integrado por seis escritores nacionales (argentinos) e internacionales, haciéndose públicos sus integrantes antes de conocerse el fallo. El fallo del Jurado será inapelable y se adoptará, como mínimo, por mayoría simple, y se dará a conocer durante el mes de diciembre de 2018. Este jurado, seleccionará al GANADOR. Los cuentos restantes que NO sean elegidos por el jurado, recibirán certificados en PDF que acrediten su condición de finalista.

Durante el 2019 publicaremos una antología digital con los diez cuentos finalistas. Los derechos de autor de cada obra son propiedad de su autor según su participación y aceptación de las bases expuestas en el presente documento, las cuales indican y exigen la originalidad y titularidad de dichos derechos. En caso de que alguna de las obras incurriera en plagio es responsabilidad total y absoluta del participante que la remitió al concursar desvinculándose en todo concepto de ello Premio Anubis y su organizador.


CONSIDERACIONES FINALES

El autor que presente un cuento al certamen, garantiza a Premio Anubis la autoría, originalidad y la propiedad sobre los derechos de autor de este. Los participantes estarán obligados a mantener indemne al organizador y a sus dependientes o relacionados de todo y cualquier gasto y costo, incluidos los de defensa jurídica, e indemnización ante cualquier reclamo o acción judicial o extrajudicial que en contra del organizador del Concurso o sus cesionarios pudiera intentarse como consecuencia de dichos actos, cesión y autorizaciones. PREMIO ANUBIS se reserva el derecho de iniciar acciones legales contra quienes violen la exigencia de originalidad.

El autor se obliga a indemnizar los daños y perjuicios directos, morales y patrimoniales, que pueda sufrir PREMIO ANUBIS y el organizador por dicha causa. En caso de plagio, el autor será el único responsable ante el autor plagiado. PREMIO ANUBIS se reserva el derecho de iniciar las acciones legales que procedan en caso de detectar irregularidades durante el Concurso, tales como falsificación, suplantación de personas, adulteración de información, etc.

Premio Anubis se reserva el derecho de poner término anticipadamente al Concurso o modificar las bases, por razones de fuerza mayor, informando al efecto a los participantes, lo cual no generará responsabilidades ni compensaciones de ningún tipo a favor de los participantes ni de terceros, por parte de Premio Anubis.

Por el solo hecho de enviar su cuento al concurso, los autores seleccionados por el jurado autorizan expresamente a PREMIO ANUBIS, la publicación de sus cuentos en el libro digital de antología, por la cual no recibirán pago alguno por concepto de derecho de autor, ni por derechos conexos, de difusión y publicidad del libro y/o de los cuentos contenidos en él, como tampoco lo recibirá PREMIO ANUBIS, en su calidad de organizador. El ganador del concurso y los finalistas seleccionados ceden todos sus derechos sobre sus cuentos, por única vez, para la publicación de la antología.

Premio Anubis se reserva el derecho de descalificar los trabajos de personas que incumplan los requisitos señalados en las presentes bases y especialmente cualquier participación en la que se consignen datos no veraces.
Premio Anubis se reserva el derecho a realizar modificaciones o añadir anexos sucesivos sobre su mecánica y premios de las bases.
Las dudas o consultas se resolverán a través del correo: premioanubis@outlook.com

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domingo, 8 de julio de 2018



CAPIANGO

El padre Juan Torres recibió la orden de su superior de abandonar el tranquilo pueblo costero de Aguas Claras para adentrarse en lo más profundo de la selva norteña con destino en un caserío fronterizo, aún sin nombre, al que el gobierno quería ir elevando a la categoría de poblado. Provisto de un caballo medio moribundo como cabalgadura y una mula para cargar los petates, el padre Juan, que por ese entonces, había abandonado no sólo su primera juventud sino también gran parte de los rubios cabellos, se encomendó a Dios y se largó por los caminos que eran sólo brechas entre la maleza.
Al principio, los ranchos y los pueblos se sucedían con cierta regularidad y en todos encontraba gente lo suficientemente piadosa como para proveerlo de una buena comida y un techo bajo el cual dormir. También aprovechó para bautizar una decena de niños, dar la extremaunción a los ancianos y empujar a algún gaucho rebelde a la santidad del matrimonio. Ofició misa cada vez que pudo e improvisó inspirados sermones, los que después, en la soledad del camino, transcribía en unas hojitas sueltas.
A mitad del recorrido, los poblados se fueron haciendo más escasos, la gente más chúcara y la vegetación más inculta. Detrás quedaron los campos de pastoreo, los sembradíos y las huertas. No le faltó comida ni albergue porque a nadie se le negaba ayuda pero no había aquel temor a Dios que había sentido más al sur.
Durante más de una noche, lo mantuvieron despierto profundos ululares, gañidos que no lograba identificar y mugidos solitarios. Entonces, se contentaba alimentando el fuego, mirando las estrellas y orando.
Cuando llegó a Toro Muerto, en un recodo del riachuelo del mismo nombre, el padre Juan Torres decidió pasar un día en compañía del párroco del lugar y reponer fuerzas. Aquella sería la última población antes de adentrarse en la selva.
―Hace varios meses que nadie baja. Antes, tres o cuatro veces al año, llegaba una carreta con mercancía para vender. Pieles y cueros en su mayoría ―dijo el párroco de Toro Muerto moviendo la cabeza de un lado al otro―. Me temo que ha venido usted para nada. La gente se muere por acá y uno no se entera. Alguna peste o animales salvajes. Los que quedan vivos se van con los indios. Antes, los indios mataban a los colonos pero ahora es como que han llegado a un acuerdo o se han dado cuenta de que todos padecen de la misma desventura. En la selva, se hace lo que se puede.
La palabra “selva” tenía algo de misterioso y el padre Juan añoró las aventuras soñadas de muchacho, antes de que su vida decantara hacia el servicio divino. Al partir, pidió papel y tinta al buen párroco que le ofreció lo poco que tenía.
Con las alforjas provistas y con una misión en el alma, el padre Juan Torres partió arrastrando la mula. Por las mañanas, aprovechaba para cantar y rezar en voz alta mientras el paso del caballo marcaba el tempo como un metrónomo. Por la tarde, apuró al animal tratando de encontrar un lugar más o menos resguardado donde pasar la noche. Por eso, cuando halló los restos de una tapera, dos paredes de ladrillo de adobe y una tercera de la que sólo quedaba cuatro hileras torcidas, se consideró afortunado. Alguien había desmalezado en derredor de la primitiva construcción y aunque la selva intentaba engullirse otra vez el sitio, quedaba aún un claro amplio. Cantando un aire de su tierra natal, el padre Juan se ocupó de juntar ramas y leña menuda en cantidad suficiente para mantener fuego. Queso y galletas constituirían la cena. Sentía añoranza por un buen trozo de carne pero debía sentirse bendecido por tener alimento, así que agradeció a Dios de todo corazón por darle la oportunidad de servirlo.
Esa noche, tal vez emocionado por la soledad que implicaba aquel rancho medio derruido, el padre Juan Torres oró con una fuerza que no recordaba haber tenido desde hacía muchos años, desde su primera juventud. Tan compenetrado estaba en los rezos que no escuchó los pasos mullidos sobre la hojarasca. Y no era el andar de un solo animal sino el movimiento coordinado de una manada que fue rodeando el precario refugio. Al alzar los ojos azules, marca distintiva de los Torres de Puenteviejo, el padre Juan creyó ver luciérnagas brillando de a pares en la brumosa oscuridad de la espesura. Se restregó los ojos y se puso en pie para ver mejor. Los brillos amarillentos, diminutos al principio, se hicieron más grandes y redondos. Siete pares de ojos lo contemplaban desde la selva, más allá del claro.
Escuchó un ronquido suave y luego, una especie de ronroneo gatuno, lejano, apagado por la negrura de una noche sin luna, que respondía al primero. Antes de que el terror le empapara los miembros de un sudor espeso y frío, al padre Juan le pareció presentir, más que escuchar, la conversación entre aquellos seres, una comunicación de ululares y sonidos de registro tan bajo que era imposible que saliera de garganta humana.
El padre Juan tomó un leño encendido y pegó la espalda contra la pared.
Siete enormes tigres manchados salieron de la espesura y a medida que avanzaban, quitándose la selva, los cuerpos elásticos fueron cambiando. Dejaron atrás las doradas pieles gatunas para tornarse cobrizas y humanas. Se alzaron sobre las patas traseras y, tambaleantes al principio, se fueron acercando al fuego que reveló los núbiles cuerpos de siete hembras. Los ojos perdieron el color amarillo, achinándose y oscureciéndose. El padre Juan pestañeó un par de veces, convencido de que era un truco que le jugaba el cansancio y la soledad. Eran mujeres indias, desnudas y desarmadas, y no gatos como él había creído en un primer momento. Estuvo a punto de reírse. Tres de las mujeres avanzaron con decisión, rodeando el fuego. Una de ellas, visiblemente mayor, tendió las manos con las palmas hacia arriba, en un gesto que el padre Juan supuso señal de buena voluntad.
―Lo siento ―dijo el hombre, y arrojó el leño de regreso a la hoguera.
Las otras dos mujeres eran más jóvenes; una de ellas, acababa de dejar atrás la niñez. La mayor sonrió y, adelantándose, colocó la mano sobre el pecho del hombre. El padre Juan no pudo luchar contra el cansancio que lo arrojó al suelo como a un títere al que se descartaba. Abrió los ojos para ver a las indias rezagadas rodear al caballo y a la mula que, enloquecidos, tironeaban de las ataduras.
―¿Qué hacen? ―logró articular antes de que los ojos volvieran a cerrárseles a pesar de los esfuerzos.
Un relincho de angustia y el golpe sordo de un cuerpo pesado al caer. Luego, otro. Le pareció oír los sonidos de cerdos hartándose de comida y el crujido de los huesos quebrándose.
La primera sensación, antes de entreabrir los ojos, fue que sentía frío en el pecho y en los brazos. En todo el cuerpo en verdad, como si estuviera completamente desnudo y acostado sobre la tierra. Vio sobre él las estrellas magníficas, blancas, tan cercanas que si alzaba la mano lograría atraparlas en el puño. Y cuando estaba reuniendo fuerzas para levantar el brazo, sintió sobre la cadera un peso desconocido. Trató de erguirse pero el cuerpo de una de las indias se inclinó sobre él. Recordó a una mujer blanca que olía a heno y sudor y que le había enseñado los trabajos del amor, ocultos tras una parva. Y la que estaba sobre él, olía a almizcle y selva y tenía la piel del color de la tierra y del riachuelo barroso que había dejado atrás. Los rostros de las indias se fundieron, también las pieles y sus olores de hembras. En algún momento, el espíritu de Juan dejó el cuerpo y se vio tendido en medio de la selva, con la piel tan blanca que parecía relucir en la oscuridad de una noche eterna. Detrás, una hoguera que se extinguía sin remedio junto a los restos sanguinolentos del caballo y la mula.

Cuando despertó, Juan Torres vio el rostro barbado del párroco de Toro Muerto, que dormitaba en una silla a su lado. El viejo despertó.
Ya decía yo que usted mejoraría cuando dejó de delirar. Tres noches ha estado usted presa de la más terrible fiebre. Tome un poco de leche con miel.
El líquido bajó por la garganta seca y ardiente del cura más joven.
¿Qué pasó?
Bueno, eso deberá decírnoslo usted, padre Juan. Lo encontraron deambulando desnudo por la selva. Diga que don Cosme anda limpiando la zona de alimañas desde que mató a ese enorme yaguareté que tenía a medio mundo muerto de miedo. Al hombre se le ha metido en la cabeza que han quedado las hembras y los cachorros y quiere exterminarlos a todos. Pero son bestias astutas.
Juan Torres no respondió. Se quedó hundido en el catre.
―Debo seguir viaje. Debo llegar al pueblo y… ―dijo Juan cuando estuvo completamente repuesto.
―Después de lo que pasó, nadie tomaría a mal que se quedara aquí. Yo estoy viejo. Podría ocupar mi puesto.
―Debo cumplir mi misión.
Ante semejante testarudez, el párroco de Toro Muerto no insistió y se limitó a conseguirle al padre Juan un borrico que pudiera llevarlo hasta destino. Incluso le regaló una Biblia que había traído desde Italia y una de sus sotanas menos rotosa.
El párroco lo bendijo mientras se alejaba, teniendo la íntima convicción de que no volvería a ver al padre Juan Torres.

Hubiera podido virar e ir hacia el oeste, pasar lejos de la ruina en la que se pudría la osamenta del caballo y de la mula. Hubiera podido seguir de largo porque aún era de día y tenía suficiente luz como para alejarse. Hubiera podido cabalgar otra hora, tal vez dos, ir hacia el norte, bien al norte.
Pero, Juan Torres buscó las paredes, el claro, las osamentas. Ató al burro, juntó leña y encendió un buen fuego.
           Fin.

miércoles, 27 de junio de 2018

Estimados participantes: les presentamos al jurado del Premio Anubis 2018.


María Luisa Parra Velasco. 
 Miembro del Departamento de Lenguas Romances y Literaturas de la Universidad de Harvard. Es coordinadora de varios cursos de español y asesora estudiantil para el área de español, estudios latinoamericanos y latinos. Tiene una licenciatura en Psicología por la UNAM y un doctorado en Lingüística Hispánica por El Colegio de México. En los últimos años, se ha enfocado hacia el desarrollo de la pedagogía para la enseñanza del español como lengua heredada. Coordina un seminario permanente y talleres de desarrollo profesional para profesores de niveles secundario y universitario en el área de Boston interesados en este tema. La Dra. Parra también ha trabajado como coordinadora de programas de investigación y de apoyo a familias latinas con niños en transición a la escuela (Tufts University) y es la fundadora del "Multilingual Family Resource Center".

César Mallorquí. 
Es un galardonado escritor y periodista español. Ganador del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (2013) de España, por su obra La isla de Bowen; ganador del Premio UPC de Ciencia Ficción (1995) otorgado por la Universidad Politécnica de Cataluña, por su obra El coleccionista de sellos; ganador del Premio Alberto Magno en dos oportunidades (1992 y 1993) por La pared de Hielo y por El hombre dormido respectivamente; ganador del Premio Domingo Santos (1993) por Materia oscura; entre otros galardones importantes del género fantástico. En la actualidad es considerado, por la crítica y el público, como uno de los grandes escritores de ciencia ficción y literatura fantástica en español.
Carlos Sisí.
Escritor español, ganador del Premio Minotauro (2013) por su novela Panteón. Nació en Madrid en 1971. Empresario y escritor que dirige una revista digital online y una empresa familiar de diseño y soluciones de Internet, vio publicada en 2009 su primera obra. Vive actualmente en Calahonda (Málaga), ciudad donde ambientó su novela Los Caminantes, cuya segunda parte ya publicada es Los Caminantes: Necrópolis.

Rodolfo Martínez. 
Escritor español de relatos y novelas de ciencia ficción y fantasía. Ganador del Premio Minotauro (2005) por su obra Los sicarios del cielo. En su bibliografía se incluyen obras de género «cyberpunk», como La sonrisa del gato (1995) o El sueño del rey rojo (2004), «space operas» como Tierra de nadie: Jormungand (1996), y obras de fantasía urbana como Los sicarios del cielo (2005) o Fieramente humano (2011). Ha escrito varias novelas holmesianas de tinte fantástico y una serie de novelas de acción protagonizada por un agente especial en un universo alternativo, iniciada con El adepto de la reina (2009).
Rodolfo Martínez es uno de los autores indispensables de la literatura fantástica española, aunque si una característica define su obra es la del mestizaje de géneros, pues mezcla con engañosa sencillez y sin ningún rubor numerosos registros, desde la ciencia ficción y la fantasía hasta la novela negra y el thriller, consiguiendo así que sus obras sean difícilmente encasillables.


David Zurdo.
Escritor, periodista y guionista de televisión y cine español. Ganador del Premio Minotauro (2012) por su obra La torre prohibida. Nacido en Madrid (1971), es ingeniero técnico por la UPM y estudió ciencias físicas en la UNED, aunque no terminó esta carrera. Con más de cuarenta obras publicadas, su primer libro fue de índole técnica y apareció en 1995. Ganador en 2012, junto a Ángel Gutiérrez, del Premio Minotauro de novela con "La torre prohibida". La novela "El último secreto de Da Vinci", también escrita en tándem con Ángel Gutiérrez, obtuvo el Premio Hermética de novela en 2000. Esta obra vendió en todo el mundo más de 100.000 ejemplares.
Ha escrito otras ocho novelas, traducidas a diez idiomas y editadas en dieciocho países: "El legado de Jesús. Diario secreto de Da Vinci", "Hada de noche", "616. Todo es Infierno", "El sótano", "97 segundos", "El techo del mundo", "La torre prohibida" y "El mensajero de las sombras". Su guión de cine "Anomalous" ha sido llevado a la gran pantalla por el director Hugo Stuven Casasnovas, con Lluís Homar y Chistie Escobar como protagonistas (Numerica Films, grupo Ganga). Actualmente se halla en fase de posproducción.
En su labor periodística, es director de la revista Qué Leer, autor de decenas de artículos, principalmente en la revista Más Allá de la Ciencia, en El Mundo y en los manuales de la Asociación de Autores Científico-Técnicos y Académicos (ACTA).

Ha sido subdirector de la serie documental "El Arca Secreta" (Antena 3), guionista de la serie documental "El Greco. Alma y luz universales" (TVE), guionista de "La España de Víctor Ros" (TVE), asesor/guionista del programa de televisión "El otro lado de la realidad" (Telemadrid), colaborador del programa de Ramón García en Punto Radio, de "La sal de la vida" en Onda Madrid, de Tele 5, del diario El Mundo, y se ha encargado de la sección de experimentos en el programa "Cuarto Milenio" (Cuatro).
Es miembro de la Junta Directiva del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO), miembro de su Comisión de Comunicación y tesorero de ACTA.
Actualmente se encarga de la sección de enigmas históricos de "La noche" de COPE y de la sección de ciencia de "Gente despierta" de RNE.


Isaac Basaure.
Organizador, prejurado y jurado permanente de Premio Anubis.  Nació en Buenos Aires, Argentina, el 26 de abril de 1986. Es un abogado, investigador académico y escritor argentino. En 2015 se graduó en Derecho por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (Argentina).
En 2017 fue premiado como finalista del X Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria de la Universidad de Córdoba (España), por el relato La calificación perfecta, que fue publicado e incluido en la antología de cuentos titulada: Aprendiendo a aprender y otros relatos editada por UCOpress, editorial de la Universidad de Córdoba.
El relato puede descargarse y leerse gratuitamente desde el repositorio de la Universidad de Córdoba: https://helvia.uco.es/handle/10396/15160 

Actualmente se encuentra trabajando en su debut literario.
Facebook.

lunes, 4 de junio de 2018





"Desde siempre he sentido la necesidad de contar historias"

Entrevista al escritor español David Zurdo, ganador del Premio Minotauro 2012.
  
¿En qué momento de su vida decidió que quería ser escritor? ¿Cómo se inició?
Desde siempre he sentido la necesidad de contar historias, pero es cierto que hubo un momento concreto en que me dije que yo quería ser escritor: leyendo Caballo de Troya de JJ Benítez. No es que este libro se cuente hoy entre mis favoritos, y no es todo el libro el que me causó ese deseo, sólo la primera parte, en que el propio JJ es protagonista, pero así fue.
En cuanto a cómo me inicié, a los catorce años empecé a filmar cortos con mis amigos (El monstruo de otro mundo, La fiesta, Angustia, La pasión de san Asesino, El lomo de Arico…). Luego, a partir de los diecisiete o dieciocho años escribí un par de obras de teatro (Pan y Circe y Nerón engominado), poemas muy encendidos y una novela (Crónica de Rocambole Ziruyo). Fueron mis inicios.

¿Qué tipo de literatura diría que cultiva?
No sé si sabré responder a esto correctamente… Escribo thriller, escribo misterio, no sé si terror como tal, y también escribo historias costumbristas en que las emociones priman. De algo sí estoy seguro: no pienso en nada de esto cuando me lanzo a desarrollar una historia. Pero supongo que la mente actúa por su cuenta y lo lleva a uno a donde debe ir. Me gusta creer que es así.

¿Cuáles son los autores que más han influido en su obra?
Todos los que, en algún momento, me han embargado. La lista es muy dispar e incompleta: JJ Benítez, Daniel Defoe, Julio Verne, Morris West, León Uris, Montanelli, Papini, Shakesperare, Nietzsche, Richard Wagner, Sófocles, Esquilo, Pablo de Tarso, René Goscinny, Molière, Cela, Dumas, Hugo, Robert Graves, Javier Sierra, Dickens, Hemingway, Ted Sorensen, Zweig, Apuleyo, Homero, Steinbeck… Sobre todo Steinbeck. También debo decir que los autores que más me repugnan forman parte de mí, aunque de otro modo: Sun Tzu, Eurípides, Luis Coloma, Joyce…

¿Cuál es su novela y cuento favorito?
Novela, si me lo preguntan hoy, De ratones y hombres de Steinbeck. Cuento, aunque sea largo (y no sé bien si llamarlo cuento), Un cuento de Navidad de Dickens.

¿Qué nos puede contar acerca de sus novelas publicadas?
Primero, que no estoy contento del todo con ninguna de ellas, pero la que más se acerca es El techo del mundo. Segundo, que todas tienen un poco de mi alma, aunque en distinta proporción. Tercero, que han sido parte de mis mejores momentos vitales.

En 2012 ganó el prestigioso Premio Minotauro, ¿cómo vivió aquella experiencia?
Fue una gran experiencia, sobre todo porque llegaba tras la decepción de El techo del mundo, que se vendió muy poco a pesar de las magníficas críticas. De todos modos, los premios sólo sirven para tener visibilidad. El verdadero premio es la conexión con el lector. Que alguien te relea o recomiende tu libro es el mayor premio, lo máximo para un escritor. Al fin y al cabo, escribimos para eso.

¿En qué proyectos está trabajando actualmente?
Ahora mismo estoy con una novela de aventuras y misterio (si esto sirve como definición) y con un guión de cine policíaco y de terror (ídem). Al margen de la escritura, tengo un microespacio de ciencia y misterio en Radio Nacional de España (El ojo de la aguja, Radio5), me encargo de la sección de ciencia del programa Gente despierta (también en RNE) y trabajo como guionista en Otros mundos, el nuevo programa de TV de Javier Sierra, que se estrenará próximamente en Movistar Plus.




"Escribo sobre lo que tengo ganas de escribir".

Entrevista al escritor argentino Pablo Cazaux, ganador del Premio Tristana 2016, por su novela: Muertos a la carta.

¿En qué momento de su vida decidió que quería ser escritor? ¿Cómo se inició?
No fue una decisión, simplemente sucedió. No sé si vale la pena contar una historia tan banal así que la sintetizo en esto: empecé a los 15 años copiando historias de cawboys que se publicaban en unos libros muy pequeños y de papel barato. Eran un poco más que cuentos largos pero a mí me fascinaban. Imitaba la forma de escribir y algunas escenas. Lo mismo hice con Bradbury más adelante y con Cortázar después. Cuando quise llegar a imitar a Faulkner me di cuenta que había llegado a mi techo y empecé a escribir buscando un estilo propio y temas que yo pudiese dominar desde lo emocional. Y así seguí logrando pequeños avances. Y en eso andamos ahora, tratando de avanzar todos el tiempo un poquito más pero satisfecho de escribir las cosas que quiero escribir.

¿Qué tipo de literatura diría que cultiva?
No trabajo en una literatura específica. Escribí todo lo que tuve ganas de escribir y en cada libro puse el cuerpo, el sudor y el insomnio. Gané el concurso Trtistana 2016 con una novela fantástica (Muertos a la carta) y dos años antes fui finalista del premio JPM con una novela policial negra (Carver). También escribí una novela de terror que me encantó. Una casi autobiográfica. Dos novelas de un matrimonio japonés al que adoré. Una saga juvenil con la que estoy recorriendo colegios y charlando con los alumnos. En fin, mi escritura es muy ecléctica y variada. Escribo sobre lo que tengo ganas de escribir.

¿Cuáles son los autores que más han influido en su obra?
En mi obra no sé. En mi vida cientos. Como decía, cuando me puse a escribir más o menos en serio traté de despojarme de todo lo que había leído para escribir a mi manera. Supongo que allí debe haber una mezcla brutal de todos los escritores que me conmovieron en algún momento.

¿Cómo nace "Muertos a la carta"?, su última novela.
Muertos a la carta nace como una experimentación muy extraña. Tengo un amigo chef que vive en Alemania y nos empezamos a escribir seguido. Surgió la idea de hacer algo pero no sabíamos qué. Él empezó a contarme cómo era la vida de un chef dentro y fuera de un restaurante y a decirme las recetas que se la habían ocurrido en el día. Yo empecé a pergeñar la historia de un chef que recibe en su restaurante a gente que está muerta pero que no lo sabe. Le pregunté, entonces, a mi amigo, qué cocinaría para fulano de tal (un personaje) y él me decía lo que haría. Pero no en forma de receta clásica sino en forma narrativa. Así fue que las recetas se fueron amalgamando con las historias de los personajes, del restaurante y del chef. Y al poco tiempo ya estaba terminada la novela.

¿Cómo funcionó el libro en España?
Es difícil saberlo cuando no vivís allá, ni tenés agente literario y sólo sos un perejil que escribió una novela razonable que ganó un concurso. En líneas generales fue una de las experiencias más grandes de mi vida. Viajé a España, participé de una presentación maravillosa en un teatro y sentí que tenía a todo Santander a mi disposición. Fue realmente increíble. El libro quedó maravilloso (desde el punto de vista de la edición) y tuvo mucha repercusión en la prensa escrita. Ahora parece ser que van a estar en México. Y no sé nada más. Mi hijo se ha ido de casa sin dejar señales de vida.

¿En qué se diferencia esta novela respecto de tus otros trabajos? ¿crees que existe algún tipo de conexión?
Todas las novelas son muy diferentes entre sí por la diversidad de géneros y de argumentos. Hay hilos conductores que tienen que ver con los temas que se abordan: la muerte, la violencia, el amor, etc. Todo esto visto no desde el plano tradicional sino desde el otro lado. Vale decir, Carver, si bien es un policial negro, es también una novela de amor y búsqueda de identidad. Pero si tuviera que definirla diría que es una novela de desamor. Pasa todo lo contrario a lo que se espera del concepto de amor básico. Pero no deja de ser una de las formas del amor.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?
En este momento estoy abocado a la saga juvenil. Quería escribir una historia con adolescentes en los que cada libro tuviera su independencia. Pero sobre todo quería escribir libros inteligentes, libros con contenido, no quería personajes clichés ni estigmatizaciones. Todos somos buenos y malos de alguna forma. Y yo quiero que los conceptos de amistad, solidaridad, heroísmo, amor, tuvieran un desarrollo inteligente y normal. Todo eso, por supuesto, combinado en una historia de aventuras y terror que empuje la trama hacia un final que te deje sin aliento. En los colegios, el primer tomo de El Mapa de Arena anduvo muy bien. Los chicos la leyeron con sus profesores y prepararon todo un trabajo. Después me invitaron a charlar y fue un placer y una maravilla que me regaló la vida poder conversar con adolescentes de literatura y desmembrar la novela como si fuera un pollo. Veremos qué pasa el año que viene con la segunda parte. Ahora estoy por empezar una novela nueva, muy oscura y dolorosa y en cuanto la termine, me pondré manos a la obra con El Mapa de Arena 3.

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