"Por lo general, cultivo la narrativa de ficción. Cuentos que hablan de sueños, tempestades, libros, pequeños pueblos, apariciones, ...

Entrevista a Héctor Ángel Benedetti: finalista del Premio Anubis 2017.

"Por lo general, cultivo la narrativa de ficción. Cuentos que hablan de sueños, tempestades, libros, pequeños pueblos, apariciones, trenes y otras cosas misteriosas del pasado".

Entrevista al escritor argentino, Héctor Ángel Benedetti, finalista del Premio Anubis 2017.

¿Cómo nació “La torre de silencio”, obra finalista del Premio Anubis 2017?
Sabía de la existencia de los “dakhma”, o “dokhma” o “doongerwadi”; unos edificios funerarios de la religión zoroástrica, donde se cumple con un ritual inconcebible para otras creencias. Según los mazdeístas, el cadáver humano es tan impuro que contamina algunos elementos clásicos, como la tierra o el fuego; entonces, llevan los cuerpos de quienes fallecen a esas construcciones, que son como torres con terrazas, y allí los dejan para que se descompongan al aire libre y sirvan de alimento a las aves. Bueno, yo pensé: esto pasa muy lejos, en el Oriente, pero supongamos que por excepción ocurriera alguna vez más cerca, en un marco cultural que no pudiera aceptarlo. Y trasladé esa ceremonia a los alrededores de Carhué.


¿Qué sintió al enterarse que había sido elegido como finalista del Premio Anubis 2017?
Un cordial agradecimiento hacia los lectores del jurado que llegaron hasta el final de mi cuento y decidieron seleccionarlo.

¿En qué momento de su vida decidió que quería ser escritor? ¿Cómo se inició?
Si fue una decisión, no lo sé; creo que más bien fue una irresponsabilidad familiar. Desde muy pequeño yo quise escribir y jamás me lo impidieron. A los seis o siete años editaba mis propias revistas: tomaba una hoja y la doblaba al medio, con lo que me quedaba un pliego de cuatro páginas que después llenaba de inocentes artículos manuscritos. La tirada era de un solo ejemplar por número. Recuerdo muy poco estas notas, pero supongo que recibieron la aprobación doméstica. En mi adolescencia, de tanto en tanto y en forma más secreta incursioné en la literatura. A los veinte comprendí que ya era tarde para corregir esta tendencia, y me entregué.

¿Qué tipo de literatura diría que cultiva?
Por lo general, cultivo la narrativa de ficción. Cuentos que hablan de sueños, tempestades, libros, pequeños pueblos, apariciones, trenes y otras cosas misteriosas del pasado.

¿Cuáles son los autores que más han influido en su obra?
Son increíblemente distintos: John Steinbeck, Rudyard Kipling, Jorge Luis Borges, Marcel Schwob, Eduardo Holmberg, Eça de Queiroz, Benito Lynch, Herman Melville. Reconozco que son muy diferentes unos de otros. Un psiquiatra de la literatura se desconcertaría.

¿Cuál es su novela y cuento favorito?
Es una pregunta muy difícil, porque cambio mi lista a diario. Pero desde hace años se estabilizó en dos obras: como novela, “Il deserto dei Tartari” (1940), de Buzzati; como cuento, no uno, sino esos dos grandes conjuntos que son los publicados por Borges en “Ficciones” (1944) y “El Aleph” (1949).
Aparte, mención especial de novela para “Der Golem” (1915), de Meyrink; y de cuento para “The Monkey’s Paw” (1902), de Jacobs. Pero cabe aclarar que entre el favorito y la mención especial, en cada categoría tengo muchos otros títulos en permanente rotación.

¿Cuenta con libros publicados?
Once, de diferentes temas. Las editoriales han sido generosas. Y tal vez un poco ingenuas.

¿En qué proyectos está trabajando ahora?
Un libro de narraciones espera su imprenta y otro está en plena elaboración. Son cuentos ambientados en la vasta geografía de la provincia de Buenos Aires, con personajes y situaciones que de alguna forma la inquietan. Algunos de estos relatos caen en lo fantástico, o al menos en lo difícil de explicar. En ellos casi siempre hay algo que altera la normalidad del paisaje pampeano.

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